Las zonas céntricas de Santiago y su original encanto

  • Cada día se reúnen miles de personas de todos los orígenes y procedencias para comprar y vender productos de todo tipo.
  • Este barrio tal y como lo conocemos hoy empezó a desarrollarse comercialmente con la llegada masiva de los árabes a la ciudad.

Justo al salir de la entrada del metro de Patronato las voces de los vendedores ambulantes empiezan a resonar entre el gentío que se congrega en el paseo que separa el mall coreano de la calle principal del barrio. Las tiendas improvisadas ofrecen los productos más variopintos; desde mote con huesillo hasta piezas mecánicas para automóviles, desde botellas de Coca-cola hasta camisetas veraniegas de flores.

No es necesario andar más de veinte metros para entrar al edificio colonizado por comercios asiáticos. Personas de todos los tamaños y colores de piel se mezclan y hablan sin ni siquiera mirarse: aquí el intercambio es lo que prima ante todo. El atractivo principal de Patronato es, no obstante, el mercado de la Vega, el eje caótico de la zona, que no cierra ni siquiera en los días festivos. Patronato destaca precisamente por eso, por haberse convertido en el barrio comercial y cosmopolita por excelencia de la ciudad.

Su origen se remonta a la época prehispánica, cuando los pueblos originarios habitaban la orilla del río Mapocho y se dedicaban a intercambiar productos entre sí. Esta característica se conservó después de la colonización española y, al recibir a los artesanos pobres del Viejo Mundo, las costumbres no cambiaron.

Con el desarrollo de Santiago, Patronato creció ajeno a todo, y no se urbanizó hasta finales del siglo XIX con la llegada de los árabes -especialmente de los palestinos-. Es aquí cuando empezó a ser el núcleo de referencia comercial.

Hoy en día se ha convertido en el punto de venta más concurrido por los santiaguinos y uno de los lugares preferidos para los que buscan comprar a precio económico. Chilenos, coreanos, japoneses, árabes, peruanos y ahora, también haitianos, conviven entre compras compulsivas, desorden, gritos, gentío y caos, envueltos en la particular belleza de Patronato.

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